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LESSON 5: Allá donde fueres, haz lo que vieres
by Judith Alarcón Bardera |
Jaaaai, lovely guiris! Me he complicado
la vida un horror queriéndome convertir
en una de vosotras. Cómo ya os comenté
el mes pasado, estoy en London, haciendo
trabajo sobre el terreno, descubriendo
al guiri (por lo menos al inglés) cuando
no es guiri, cuando está en su escenario
genuino. Aunque alguien me tendría que
haber dado una paliza cuando se me ocurrió
esta estúpida idea...
Me paso el día haciendo performances
para los demás: haciendo que entiendo lo
que no entiendo, haciendo que sé lo que no
sé, intentando no parecer subnormal cada
segundo del día... Aunque pensándolo bien,
probablemente eso no es muy diferente a la
vida que muchos llevan en Barcelona...
Victimismos a parte, se me ha ocurrido
que esta lección de la Chispa la dedicaré
a compartir los trucos que he ido recopilando
como guiri en el Reino Unido,
ya que empiezan las vacaciones estivales y,
los afortunados que os lo podáis permitir,
quizás aprovechéis para hacer una escapadita
por aquí para haceros los megacool y
ver mundo.
Let’s go: Algo imprescindible para ser un
guiri triunfador en UK es ser un puto hipócrita
muy bien educado. Tenéis que llevar los excuse
mes, pleases, sorrys y thank yous colgando
del labio permanente, como ese hilillo
de baba que se le hace a alguno cuando
habla con la boca seca. Así estéis comprando
la postal más chorra de la tienda por 20
céntimos, al llegar al mostrador para pagar
os veréis obligados a intercambiar un mínimo
de 5 pleases y thank yous antes de terminar
la transacción y salir de la tienda.
Al coger el underground, sobretodo por
las mañanas, es cuando se hace más fiera esta
manía: por mucho que te estén hincando el
codo a lo bestia o que te hayan pisado a
propósito con toda la mala ostia, NUNCA
te van a escatimar un sorry; aunque presta
atención a la cara de “te tiraría a la vía si no
fuera porque eso me haría llegar tarde a la
oficina”. De locos.
Y ya que he empezado con los transportes,
voy a hablar sobre el famoso bus inglés y
sus anónimos drivers. Si el cacharro para
validar tu ticket emite el sonidito de “saldo agotado” cuando subes a bordo ... ¡hazte el
longui y tira p’alante! Si levantas la mirada
hacia al conductor para pedir clemencia,
vencido por el sentimiento de culpabilidad
y el temor a Dios, el resultado va a ser que te
tendrás que bajar como un pringado a
comprar un ticket válido y a esperar el siguiente
bus. Ni la cara de pena más agónica
les hace sucumbir, porque son robots y su
trabajo es conducir y atropellar ciclistas, están
programados para que les importe un
bledo si le enseñas un ticket caducado, A
MENOS que te delates como un gilipollas.
Ojo al dato.
Siguiendo en este plan de apatrullando
la ciudad, voy a abordar otro modo de
transporte, muy chulo y posh: el cab (el taxi
de toda la vida, vamos). Me ahorraré el explicar
las diferencias entre los negros, los de
colorines y los minicabs, que eso te compras
una guía y te lo cuentan de maravilla. Lo
que no te dicen es que una vez tomada la
decisión de pillar un cab, la suerte está
echada. Hay un porcentaje bastante alto de
probabilidades de que te quieran timar (recuerda
que eres un guiri), pero para evitar
esto también encontré un truco: perder los
nervios y amenazar al taxista de muerte porque
I’m Spanish and I’m hot-blooded and my
father is a bull! Aunque no lo creáis, toda clase
de clichés trasnochados FUNCIONAN. Y
esta táctica del cabreo folclórico tiene muchas
más aplicaciones, pero eso ya lo veremos
en la Chispa del mes que viene.
See you soon, darlings!
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