BCN WEEK | Barcelona's Alternative Newsweekly
Vol 1, No 87 | June 10, 2010

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Templos de lo barato

Selling

Templos de lo barato

by Iñigo Mielgo Salcedo & Martín Frasso (photo)

Uno de los trucos del presente es que hayamos individualizado la culpa y que los fallos estructurales se vivan como problemas que nosotros mismos nos hemos auto-creado. En la sociedad de la disciplina uno de los trucos más presentes es hacernos sentir mal para que nunca estemos completamente satisfechos con lo que adquirimos y de este modo estimular una insaciable sed por lo material llena de contradicciones. Esa sensación es fácilmente perceptible cuando a veces llegamos a acusarnos unos a otros de estar destruyendo el planeta por comprar un plátano de monocultivo, o cuando saciamos nuestras ganas de comer algo dulce tragando un chocolate no solidario. Tenemos tan interiorizada esa sensación, que las emociones negativas fluyen cada vez que tomamos en nuestras manos un producto lleno de grasa industrial, de edulcorantes artificiales o un producto genérico cuya batería dura menos que la del que pretende imitar. Hay lugares que son proclives a abastecer al gran público de estos productos de baja calidad, sabor dudoso o uso defectuoso. Comprar en estos templos de lo barato parece que estigmatiza a algunos/ as, y dicho estigma crea por añadidura una microtendencia de consumidores de la que el supermercado Lidl es digna madre. Esta microtendencia sería la del comprador/a reticente a un montón de estrategias publicitarias y al que, independientemente de su motivación por frecuentar dicho super, sólo le interesa lo más barato. Y eso, en los tiempos que vivimos, nos parece una muestra de clara valentía. Primero, porque muchas veces los productos son tan buenos o malos como cualquier otro, no olvidemos que habitualmente lo más pernicioso para el medio ambiente son los envoltorios de los productos, hecho que comparten productos ecológicos y no ecológicos. Segundo, porque mucha de la gente que allí encontramos no tiene la oportunidad ni ha sido educada para poder elegir otros productos, aunque bien pensado ¿para qué comprar otros? Y por último, porque la incomodidad que se siente en esos supermercados, incomodidad que es una estrategia de marketing hecha a conciencia, hace de esos espacios un santuario en el que encontramos la realidad más candente y tendenciosa, vetando el acceso a aquellos/as individuos más cotidianos, aquellos/as que frecuentan las grandes superficies de lo políticamente correcto.

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